El Monte Análogo

René Daumal

Imaginatio Vera

Pierre Sogol, un estrafalario personaje con amplios conocimientos científicos, reúne un día en su casa a un conjunto de personas de lo más heterogéneas; su propósito es preparar un viaje en barco para buscar una misteriosa montaña inaccesible, cuya materia tiene la curiosa propiedad, según dice, de curvar el espacio que lo rodea; de tal manera, que toda la región en donde se halla esta montaña (que denominan el Monte Análogo), se encuentra encerrada en la cáscara invisible de este espacio curvo en el cual hay un mundo paralelo. La expedición consistirá en cruzar a esa otra dimensión y la novela en explicarnos todo aquello que ven estos personajes durante su viaje. Daumal, que pone a su libro el subtítulo de «aventuras alpinas no euclidianas y simbólicamente auténticas», logra crear así una obra de carácter único, inspirada en fuentes tan poco frecuentadas en la literatura como son los Vedas, Platón, René Guenon y G. Gurdjieff.

Debido a una aguda tuberculosis, la muerte sorprendió a Daumal en medio de una frase de la novela; circunstancia que antes de haber limitado este relato, ha contribuido a realzar el halo imaginario que siempre tienen todas las grandes obras inacabadas. Pero, gracias a las notas aclaratorias de sus editores franceses de 1952 –y al epílogo de Clara Janés– no nos quedamos en suspenso, y acce-demos tanto al plan literario de la novela como al perfil de su autor. Con El Monte Análogo, Daumal logró hacer con la Metafísica lo que Julio Verne había logrado con la Física.

Reseñas

«Donde se halle el monte Análogo se hallarán también las respuestas a las grandes preguntas que alberga la condición humana.»
Héctor J. Porto, La Voz de Galicia
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«El monte análogo fue escrito para los que todavía no han muerto. Y vale la pena leerlo, por su originalidad y porque tiene revelaciones que dan en la diana.»
José Luis de Juan, El Bellver
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«Auténtica tea humana, Daumal se consumió en la búsqueda de verdades reveladas y certeras, de un improbable conocimiento absoluto y redentor que calmara su espíritu, colmara su deseo de plenitud y armonía, de perfección abosluta.»
Jordi Galves, Cultura/s (La Vanguardia)
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